Fuerza en medio de los problemas

La cruz nos enseña que el camino de la fe no está exento de dolor, pero sí lleno de propósito. Jesús no evitó el sufrimiento; lo enfrentó con obediencia y confianza total en el Padre. En su entrega vemos que la verdadera fuerza no consiste en no sentir dolor, sino en mantenerse firme aun cuando todo parece derrumbarse.

 

Cuando enfrentamos pruebas, la cruz nos recuerda que Cristo comprende nuestro sufrimiento. Él lloró, fue rechazado, sintió angustia y soledad. Por eso, cuando sentimos que nuestras fuerzas se agotan, podemos acercarnos a Él con confianza, sabiendo que no solo nos entiende, sino que camina con nosotros en medio de las dificultades.
 
La resurrección, por su parte, nos asegura que ninguna situación tiene la última palabra. Lo que hoy parece una derrota, puede transformarse en testimonio de victoria si lo ponemos en las manos de Dios. Él tiene el poder de convertir nuestras caídas en crecimiento, nuestros dolores en enseñanza y nuestras lágrimas en nuevos comienzos.
 
 
La fuerza del creyente no proviene de su carácter ni de su resistencia humana, sino de la presencia del Cristo resucitado dentro de él. Por eso, aunque la vida presente desafíos, el hijo de Dios puede seguir de pie, porque su fortaleza no depende de las circunstancias, sino del poder de Aquel que venció la cruz. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Filipenses 4.13
 
Cada vez que decimos esas palabras, no estamos repitiendo una frase de ánimo vacía: estamos proclamando una verdad eterna. En Cristo hay poder para seguir, para resistir, para esperar y para vencer.
 
Por eso, cuando la carga parezca pesada, mirá la cruz… y recordá que el mismo poder que levantó a Jesús de entre los muertos vive en vos.
CENTRO CRISTIANO PUERTA ABIERTA
Saenz Peña-Chaco

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