No vivimos para compararnos con alguien, sino para adorar al único que merece toda la adoración y alabanza: Jesús. Él un día llegó al pesebre de nuestro corazón, un lugar humilde y a veces sucio, y eligió habitar allí. Aunque al principio no había predicado ni hecho milagros, su presencia cambió el mundo porque el Dios sobrenatural vino a darnos libertad y vida.
Dios preparó todo para su Hijo y también tiene un plan para cada uno de nosotros. Nuestra vida no es casualidad, y aunque hayamos vivido fracasos, ellos no estaban en sus planes, porque Él ha venido a restaurarnos.
Cuando los pastores recibieron la visita del ángel, respondieron dejando sus tareas para ir a adorar al Salvador. Así mismo, los sabios también dejaron todo para buscar al Rey. Esto nos muestra que debemos estar dispuestos a tomar decisiones y actuar cuando Dios llama, sin quedarnos cómodos ni indiferentes.
El mundo puede estar distraído, pero nada debe reemplazar nuestra adoración, oración y comunión con Jesús, quien tiene el poder para transformar el mundo espiritual. Rendirse a Dios es la mejor decisión que podemos tomar, y hacerlo con amor y entrega genuina, no por obligación.
Pastor Robert Acosta, Centro Cristiano de Avivamiento, Resistencia, Chaco, Argentina