El camino de la fe es contradictorio a la razón

¡Estás loca! Esta fue la exclamación de los discípulos que oraban por el Apóstol Pedro a una joven llamada Rhode (Hechos 12:6-19), quien diera la noticia de que éste había sido libertado en forma sobrenatural por un ángel.

¡Estás loca! …exclamaron quienes oraban e intercedían por Pedro, que cuando lo sobrenatural de Dios entró en escena, quedaron como anestesiados. Es natural que sucedan cosas sobrenaturales cuando el Señor interviene. Lo natural de Dios es lo sobrenatural para nosotros, nuestro límite es la línea de partida de Él.

Si miramos los Evangelios detenidamente observaremos que, cuando las personas traían sus necesidades delante de Él esperando un mover sobrenatural, y esto sucedía, aunque lo esperaban, los cimientos de la razón eran sacudidos. Y expresiones tales como: ¡Estaban atónitos! ¡Quedaron maravillados! ¡Observaban asombrados! …son expresiones repetidas por los evangelistas al relatar los milagros realizados por Jesús.

El Señor, enseñando a sus discípulos, les decía: “Es necesario que yo me vaya, así el Padre enviará otro consolador, el Espíritu Santo, quien estará ‘con’ y ‘en’ vosotros.” El Espíritu Santo hoy habita por la fe en nosotros. La fe es el vehículo que nos traslada a las profundidades de Dios.

 


Nuestra obediencia a Su Palabra atrae la fe, que es alimentada diariamente por Su Palabra. Como una rueda que gira, y se retroalimenta: Palabra, obediencia, fe. El Señor comparó la fe a una semilla que, al caer en tierra y seguir su proceso natural, crece hasta llegar a ser un frondoso árbol. La Palabra de Dios entra en nuestro corazón tal como la semilla en la tierra, y luego comienza en nosotros un crecimiento en la esfera de la fe. Comenzamos a relacionarnos con un Dios que no se ve ni se toca, y nuestra razón queda de lado. Surge algo nuevo dentro nuestro; algo que estaba dormido e inactivo, da señales. Hemos comenzado a transitar los caminos de Dios, el camino de la fe.

Galería de la fe
En el Antiguo Testamento la palabra fe y los temas relacionados a ella, se repiten unas setenta y cinco veces. En el Nuevo Testamento, aproximadamente seiscientas veces. Desde Adán en adelante siempre hubo fe y gracia. Pero la cruz y la resurrección de Cristo inauguraron este último y Nuevo Pacto: la fe en Cristo.
“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:1-5). Lectura recomendada: Efesios 1:3-11.

No pretendo dar un estudio de la fe, sino más bien resaltar que, para transitar en el camino de lo llamado sobrenatural, debemos dejar de lado todo razonamiento humano. Tenemos un variado muestrario de lo que significa la fe -o vivir dirigido por ella- en Hebreos 11, del versículo 1 en adelante. La fe traslada la voluntad de Dios y la instala en tu espíritu, a través de Su Espíritu.

Nosotros pedimos, y lo que pedimos tiene respuesta, porque está de acuerdo con Su voluntad. “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.” (1 Juan 5: 14 y 15).

Podríamos decir en forma categórica que la voluntad de Dios, o el conocimiento de Su voluntad, trae a nosotros lo que pidamos. Lo difícil es creer, que es fácil. Vivir una vida de fe en Cristo muchas veces nos hace ir contra la corriente de este mundo. Nos movemos cuando éste se detiene, y nos detenemos cuando él se mueve. La fe nos hace estar confiados en momentos de desesperación, y en paz cuando las guerras o los rumores de ella se hacen eco.

Lo difícil para nosotros es aceptar que es sencillo. “Estad tranquilos” fue la frase usada por Moisés cuando los egipcios los perseguían para matarlos. “Alza tu vara” dijo Dios, y el mar se dividió en dos, y pasaron en seco. (Éxodo 14:13-31) ¿Cómo poder estar tranquilo cuando un ejército viene en contra? ¿Cómo aceptar que una simple vara de pastor, al levantarla, dividirá el mar? Esto es lo difícil para nosotros: aceptar que, de manera sencilla, Dios actuará.

Dios le habla a Jeremías y le dice: “He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” (Jeremías 32:27). Dios dice que nada le es difícil. Y nada significa: nada. Eso se complica en nuestra mente, porque para nosotros, muchas cosas nos son difíciles.

“¿Qué es más fácil decir?: Tus pecados te son perdonados o decir, levántate y anda”. Se dirige al paralitico y le dice: “toma tu lecho y vete a tu casa”. Por supuesto, el enfermo sanó. Antes de ordenar que el enfermo se sane, vio la fe de sus amigos. (Lucas 5:21-24).

“Maestro, toda la noche trabajamos y nada hemos pescado”. Jesús les dice “echen las redes” y al hacerlo, recogieron gran cantidad de peces.
El problema de los pescadores fue aceptar que el método usado por el Señor era contrario a lo que ellos tenían como lógico. Se pescaba de noche y el Señor ordenó que lo realicen de día. (Lucas 5:5-6)

A esta altura creo que está claro que los métodos usados por Dios no entran en nuestra estructura mental, y mucho menos en nuestra llamada lógica. El camino de la fe es contradictorio a la razón. Mientras nosotros buscamos conocer los orígenes de la creación y debatimos teorías, la Biblia simplemente dice: “creó Dios los cielos y la tierra”.

Si estás leyendo este escrito, ¿no será el pretexto de Dios para invitarte a transitar el camino de la fe? Quizá estás atravesando una larga enfermedad, has experimentado todo tipo de tratamientos, y las fuerzas se agotaron en ti. ¿No crees que sea el momento para poner tu fe en acción?.

¿Así tan sencillo? ¡Sí! Tan sencillo que tu mente desencadene un ping-pong de contradicciones, tu razonamiento se levante gritándote ¡no! Ese ‘no’ será el punto de partida para tu milagro. Dios te dice: “soy el Dios de toda carne ¿habrá algo imposible para mí?”

Fragmento de la *Antología 2*
-Cristo está vivo ¡y sigue haciendo maravillas!- Por Jorge Etchazarreta

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