Para ellos, lo que fue roto no pierde valor. Se vuelve más hermoso, porque ahora cuenta una historia. La herida no es vergüenza, es parte de la obra.
Así también obra Dios con nosotros. Él no tapa tus cicatrices. No finge que el dolor nunca existió. Él restaura con intención, con cuidado y con propósito.
Lo que se quebró en tu vida no te descalifica. En las manos de Dios, se convierte en evidencia de Su gracia. Donde hubo ruptura, Él pone Su gloria.

Tal vez estás en medio del proceso. Tal vez sientes que la restauración está tardando.
Pero Dios no trabaja con prisa, trabaja con perfección. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Romanos 8:28 (RVR1960)
Dios no solo te está reparando.

Te está haciendo más fuerte, más profundo y más hermoso de lo que eras antes.


