La responsabilidad no se disuelve con agua

Pilato lo sabía. Escuchó, analizó, entendió y declaró que no había culpa. Aun así, eligió lavarse las manos. No por falta de verdad, sino por miedo a tomar una postura. El silencio pareció más seguro que la valentía, y complacer a la multitud pareció más fácil que defender lo correcto.

 

Al lavarse las manos ante todos, intentó librarse de la responsabilidad; pero la responsabilidad no se disuelve con agua. Quien ve la injusticia y calla, sigue siendo partícipe de ella. Quien traslada la decisión a otros para no comprometerse, carga de todos modos con el peso de esa elección.
 
Pilato no fue vencido por la ignorancia, sino por la conveniencia. Prefirió preservar su imagen antes que su conciencia. Intentó mantenerse neutral donde no cabía la neutralidad. Porque, cuando la verdad ya ha sido revelada, no tomar una postura es, en sí mismo, una decisión.
 
Esta historia se repite siempre que alguien sabe lo que debe hacer, pero elige no actuar. Siempre que el miedo a perder la aprobación pesa más que la fidelidad a lo correcto. Siempre que lavarse las manos parece más cómodo que asumir una postura.
 
El agua corrió, pero la culpa permaneció. Y la pregunta sigue resonando: ¿cuántas veces te has lavado las manos para no desagradar a nadie? Mateo 27:2 "Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador".
 

Conecta2alacruz

Suscríbete a nuestro boletín de novedades

Te vamos a comunicar lo más destacado.
Solo una vez por semana te enviaremos notas seleccionadas de nuestra web.