Muchas veces pensamos que ser libres significa poder hacer todo lo que queremos, sin restricciones ni límites. Sin embargo, no todo lo que podemos hacer nos conviene, ni todo lo que deseamos nos hace bien.
1 Corintios 6.12: Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.
Los límites saludables no están para impedirnos crecer, sino para proteger aquello que verdaderamente importa: nuestra integridad, nuestras relaciones, nuestra salud emocional y nuestro propósito.
Aprender a decir NO también es una expresión de madurez.
Decir NO a lo que nos perjudica es decir SÍ a nuestro bienestar.
Decir NO a los impulsos que nos dominan es decir SÍ al dominio propio.
Decir NO a lo que compromete nuestros valores es decir SÍ a nuestra integridad.
Decir NO a ciertas demandas es decir SÍ al cuidado de nuestras prioridades.
No todos los límites son obstáculos que debemos superar. Algunos son principios que necesitamos respetar.
Dios no estableció límites para quitarnos libertad, sino para enseñarnos a vivirla con sabiduría y responsabilidad.
Porque, muchas veces, un NO a tiempo protege aquello a lo que Dios nos llamó a decir SÍ.