¡No confundas mis ruinas con mi destino!

Hubo momentos en los que pensé que no podría levantarme, pero Dios me recordó que mi historia no terminaba en el lugar donde fui herida. Hoy entiendo que ser restaurada no significa volver a ser la misma mujer, sino permitir que las manos del Alfarero formen en mí una nueva versión conforme a su voluntad.

 

Lo que me quebró no tuvo la última palabra. Mis lágrimas no fueron en vano, mis procesos no fueron el final y mis cenizas no pudieron apagar el propósito de Dios en mi vida.
 
 ¡Dios todavía está trabajando en mí!
 
No soy lo que me pasó, soy una mujer en las manos de Dios, y mientras Él siga obrando, todavía hay esperanza.
A ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza. Isaías 61:3
 
 ¡Mis cenizas no fueron mi final, porque Dios todavía está escribiendo mi historia!
Paola David Santiago

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