Ese día viajamos a Florida para comprar un camión tarima, valorado en más de $40,000. Yo le creí a Dios y viajé en fe. Cuando lo vi, fue amor a primera vista… y dentro de mí escuché: “esto será La Iglesia en la Calle.” Era la excusa perfecta para no dejar de predicar.

Los templos estaban cerrados, solo se permitían servicios afuera y con distanciamiento social… pero el evangelio no se cancela. Nada fue fácil. Tuvimos que esperar casi dos meses para que el camión llegara a Puerto Rico.
Les confieso que me desesperé… estaba ansioso.
Hasta que un lunes 8 de febrero el camión llegó al terreno de mi casa. El que tanto habíamos esperado.
Pero ahí comenzó el verdadero desafío. Cuando empezamos a quitar las alfombras de las paredes, nos dimos cuenta de que el 80% de la madera estaba podrida. Nunca se me va a olvidar la frustración que llenó mi corazón.

Respiré… y dije: “Bueno, manos a la obra. Esto no nos puede detener.” Había que restaurarlo y dejarlo bello para la gloria de Dios.
Recuerden: estábamos en plena pandemia. Casi nada estaba abierto por completo. Habíamos dado todos nuestros ahorros para comprar el camión… y ahora nos encontrábamos con esta gran sorpresa.
Pero no nos quitamos.
Comenzamos a restaurarlo poco a poco. Dios tocando corazones. Dios proveyendo. Mi familia y amigos ayudando en medio de la pandemia. Fue una experiencia hermosa.
Toda la madera la cambiamos por PVC, para que no volviera a pasar lo mismo.
Cuando pensábamos que ya habíamos terminado… descubrimos que toda la cablería eléctrica estaba obsoleta y había que cambiarla completa. Pero dijimos: “Vamos con todo.” Después de mucho esfuerzo y trabajo, logramos restaurarlo por completo.
Y entonces nos miramos y dijimos: “Ajá… ahora falta lo más importante.” Planta eléctrica. Sonido. Luces. Sillas para la gente. Miramos nuestros bolsillos… y no había nada.

Pero le creímos a Dios y dijimos: “Dios va a proveer”. Y Dios lo hizo. Siguió tocando gente para Su gloria… y el camión quedó 100% terminado.
Desde ese día hasta hoy llevamos 5 años sin parar, recorriendo todos los pueblos de Puerto Rico con La Iglesia en la Calle. Cada mes repartimos 25 paquetes de alimentos, regalamos Biblias y en ningún evento se ha levantado ofrenda.

Para la gloria de Dios, miles de personas se han entregado a Cristo y muchas familias han sido restauradas.
¿Sabes por qué escribo todo esto?
Porque detrás de mí se está levantando una generación con llamados, sueños y metas y quiero que sepan algo claro: si yo pude, ustedes también lo lograrán.
Mi consejo es este:
Sean auténticos. Den con las dos manos. Aunque la gente no entienda lo que cargas. No le pongas oído a gente fracasada que nunca ha logrado nada.

Joven que me lees hoy:
Tú lo vas a lograr, porque al que Dios llama, Dios respalda.

Testimonio del Evangelista Bryan Caro


