La Biblia no habla de la generosidad como una virtud opcional, sino como una evidencia concreta de una vida transformada. No es un “extra” para cristianos muy espirituales, sino una señal básica de que el amor de Dios está realmente gobernando el corazón. Jesús fue directo y sin rodeos:“Más bienaventurado es dar que recibir.” (Hechos 20:35)