La dirección correcta para cambiar

Todos cambiamos. A veces por necesidad, otras por cansancio, otras por dolor. Pero no todo cambio mejora nuestra vida: el cambio correcto nace de la dirección correcta.
Hay dos maneras de cambiar:
1. Cambiar huyendo
Huir parece un alivio momentáneo, pero en realidad te deja sin rumbo.
Cuando huyó Jonás, cayó en tormenta. Cuando huyó Israel, quedó atrapado 40 años en un desierto. Cuando huyó Saúl de la obediencia, perdió su propósito.
La huida nunca sana, solo pospone. La huida nunca construye, solo desgasta. Huir del perdón, de la corrección, de las responsabilidades o del llamado solo hace que el corazón se pierda más.
 
2. Cambiar corriendo hacia algo
La transformación verdadera no nace del miedo, sino del propósito.
Abraham no huyó de Ur: obedeció una promesa. Pablo no huyó de su pasado: corrió hacia su meta en Cristo. El hijo pródigo no huyó del hambre: corrió hacia los brazos del Padre. Moisés no huyó de Egipto: volvió con una misión.
 
Cuando corrés hacia lo que Dios te habló, el cambio te impulsa. Cuando corrés hacia una visión, el cambio te fortalece.
No cambies para escapar; cambiá para avanzar. No corras del temor; corré hacia el propósito. No huyas del pasado; abrazá el futuro que Dios preparó para vos.
 
Porque la verdadera libertad no está en huir de lo que te lastima, sino en correr hacia lo que te transforma. Y cuando tu cambio tiene dirección divina, no te pierde… te encuentra.
CENTRO CRISTIANO PUERTA ABIERTA
Sáenz Peña-Chaco

Suscríbete a nuestro boletín de novedades

Te vamos a comunicar lo más destacado.
Solo una vez por semana te enviaremos notas seleccionadas de nuestra web.