Testimonio: Ella dejó de pedirle a Dios una pareja...

Durante años, una joven le pedía a Dios lo mismo: «Señor, cuando llegue el momento, dame un esposo que te ame más a Ti que a mí.» Pero los años pasaban.

 

Veía a sus amigas casarse, formar familias y tener hijos. Y algunas noches se preguntaba: —¿Y si nunca llega?
Hasta que un día dejó de pedirle a Dios que le enviara a alguien. Comenzó a orar diferente: «Señor, si voy a estar sola por un tiempo, enséñame a vivir plenamente contigo.» Y comenzó a trabajar en sí misma, a servir, a crecer en su fe y a disfrutar su vida sin desesperarse por encontrar pareja.
 
Tiempo después conoció a un hombre. No llegó con promesas exageradas. Llegó con algo mucho más sencillo: carácter, paciencia y una fe que podía verse en sus acciones.
Se hicieron amigos. Después comenzaron a conocerse. Y con el tiempo entendieron que no se habían encontrado para llenar un vacío, sino para construir juntos algo que ninguno podía construir solo.
 
El día de su boda, mientras todos celebraban, ella recordó aquella oración de años atrás. Y entendió algo: Dios no siempre responde cuando nosotros queremos. A veces primero prepara nuestro corazón para aquello que estamos pidiendo.
 
Quizás por eso la espera dolió tanto. Porque no era solamente una espera. Era preparación. 
«Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.» Salmos 37:4
 
 
Publicación de Generación Escogida

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