Testimonio: 75 años casados y partieron con un día de diferencia

Nacieron el mismo día y partieron con apenas un día de diferencia, después de 75 años caminando juntos bajo la gracia de Dios. Helen y Les Brown llegaron al mundo el 31 de diciembre de 1918. Se conocieron en la secundaria, y desde muy jóvenes entendieron algo que muchos tardan toda una vida en aprender: el amor verdadero no es solo sentir, es decidir.
 
Cuando sus familias se opusieron por diferencias sociales, ellos eligieron confiar, no solo el uno en el otro, sino en que Dios podía sostenerlos. Por eso se escaparon y se casaron en 1937, poniendo su historia en manos del Señor.
 
Desde ese día, su matrimonio no fue perfecto, pero sí fue fiel. Hubo días de risa y también días de silencio. Momentos de abundancia y otros de escasez. Discusiones que dolieron, palabras que necesitaron perdón, errores que fueron sanados con humildad. Pero nunca permitieron que el orgullo fuera más grande que el amor, ni que una caída fuera más fuerte que el compromiso.
 
Vivieron primero en el sur de California y en 1963 se establecieron en Long Beach. Les trabajó como fotógrafo, aprendiendo a ver la belleza incluso en los detalles pequeños, y Helen fue agente inmobiliaria, reflejando en su trato la ternura de un corazón dispuesto a servir. Los vecinos los recuerdan caminando juntos, tomados de la mano, como un testimonio silencioso de lo que Dios puede construir cuando dos personas deciden permanecer.
 
Con los años llegaron las pruebas más duras. Helen enfrentó el cáncer de estómago y Les vivió con Parkinson. Fueron tiempos de dolor, de noches largas, de oraciones en silencio. Pero también fueron tiempos donde el amor se volvió más profundo, donde cuidarse fue una forma de adoración y acompañarse fue una manera de obedecer a Dios.
 
Helen partió el 16 de julio de 2013. Les la siguió al día siguiente, el 17, a sus 94 años, como si su corazón no supiera vivir sin el de ella. Su historia quedó como una verdad viva: el amor que nace en Dios no termina con la muerte.
 
Porque cuando el amor es real, se perdona. Cuando el amor es real, permanece. Y cuando el amor es de Dios, ni el tiempo, ni la enfermedad, ni la muerte pueden separarlo.
“Así que ya no son dos, sino uno solo. Por lo tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.” Mateo 19:6

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