Y quiero comenzar con alguien a quien conocí personalmente, una experiencia que nunca olvidé. Fue hace años, en Europa. Estábamos hospedados en el mismo hotel. Una tarde, ella quiso pasear por el jardín del hotel, pero su silla de ruedas se hundió en la arena y quedó trabada. Me acerqué para ayudarla y allí comenzó una breve charla que no olvidaré.
Conocí su ánimo indestructible, su optimismo contagioso, su sonrisa luminosa, su voz suave que parecía cargada de paz… y una sabiduría capaz de transformar el dolor en adoración. Esa mujer se llama Joni Eareckson Tada.
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LA VIDA QUE ILUMINA DESDE UNA SILLA DE RUEDAS
Hay historias que nacen del dolor y terminan convertidas en un faro. La de Joni es una de ellas. Tenía 17 años cuando un salto al agua la dejó cuadripléjica para siempre. Una sola vértebra quebrada redefinió todo: sus sueños, su futuro, su cuerpo, su fe. Las primeras semanas fueron un abismo emocional: luchó con la depresión, la rabia, el llanto, el desconcierto. No entendía cómo Dios podía permitir semejante tragedia. Lo que nadie imaginaba era que esa silla de ruedas sería el ministerio más poderoso de su vida.

EL DOLOR QUE SE VOLVIÓ PÚLPITO
En medio del dolor, Joni descubrió algo que cambiaría su historia: Dios no siempre quita el sufrimiento… pero siempre entra en él con nosotros. Aprendió a orar sin mover las manos. Aprendió a depender. Aprendió a leer la Biblia como quien se aferra a una cuerda en medio de la tormenta. Y de ese proceso salió su célebre frase: “Dios permitió lo que odiaba para producir lo que amaba: mi carácter transformado y mi dependencia absoluta de Él”.
CUANDO EL CUERPO QUEDA QUIETO, EL ALMA CORRE
Imposibilitada de usar brazos y piernas, comenzó a pintar con la boca. Lo que parecía un simple ejercicio terapéutico se convirtió en arte reconocido internacionalmente. Luego vinieron los libros —más de 70—, los programas radiales, las conferencias, y la fundación Joni and Friends, un ministerio global que ha llevado esperanza, sillas de ruedas, retiros y consuelo a miles de familias en todo el mundo. Billy Graham hizo una película sobre su vida. Todo desde la fragilidad.
Todo desde una silla inmóvil. Todo desde una fe viva que se rehúsa a apagarse.

UNA MUJER QUE NUNCA NEGÓ SU DOLOR
Joni jamás disfrazó su sufrimiento. Ha enfrentado infecciones, dolores crónicos, cirugías difíciles, y hasta un cáncer. Pero siempre transmitió una certeza que sostiene a multitudes: “Cuando el dolor no se va, Cristo se queda”. Su vida es real, honesta, transparente. Y por eso impacta tanto.
UNA MISIÓN QUE SIGUE CRECIENDO
Hoy, con más de cinco décadas desde aquel accidente, Joni continúa enseñando, aconsejando, grabando, escribiendo y predicando desde su silla. Y lo que más conmueve no es su capacidad, sino su actitud. Su sonrisa no es un gesto natural: es un acto de fe.

¿QUÉ NOS DEJA JONI?
Que Dios puede convertir una tragedia en un ministerio. Que la debilidad, en manos de Cristo, se vuelve fortaleza. Que cuando la vida pierde movimiento, la fe puede ganar vuelo. Y que una mujer sin movilidad pudo abrazar —con su espíritu y su mensaje— a millones. Joni no pudo levantarse de la silla… pero hoy, a los 76 años, sigue levantando al al mundo.
Por Marcelo Laffitte


