Durante ese tiempo, mientras estaba internado y sin fuerzas, recibió una visita que marcaría su proceso. El pastor Robert llegó a la habitación para orar por él. Francisco cuenta que, en cuanto el pastor entró, sintió un fuego del Espíritu Santo y la presencia de Dios llenó el lugar. El pastor oró y le dijo que estuviera tranquilo, que esto sería solo un proceso y no sería para muerte.
Esa misma noche, el Señor le habló y le dijo que comenzara a dar gracias porque venía un cambio de diagnóstico. Después de esa palabra, el derrame pleural se detuvo y los pulmones dejaron de acumular líquido. Los médicos, sorprendidos, no entendían qué estaba pasando: Francisco estaba mejorando.


