Tu octavo día llegará, espéralo, no abandones

¿Sabías por qué Dios ordenó la circuncisión precisamente al octavo día? El código שְׁמִינִי Sheminí. Hay una precisión en la Biblia que parece pequeña...hasta que observas lo que ocurre dentro del cuerpo de un recién nacido.

Cuando Adonay estableció Su pacto con Abraham, dio una instrucción extremadamente específica:
"Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros." Bereshit 17:12 ¿Por qué ocho? ¿Por qué no hacerlo inmediatamente después del nacimiento? ¿Por qué esperar siete días completos?
 
Siglos después, la Torá vuelve a insistir: "Y al octavo día se circuncidará al niño" Levítico 12:3. Podría parecer solamente una fecha ritual. Pero la circuncisión implica cortar tejido. Cortar tejido produce sangrado.
Y cuando conocemos lo que sucede con la coagulación durante los primeros días de vida... la elección del octavo día comienza a resultar fascinante.
 
¿Para qué Adonay ordenó la circuncisión? La propia Escritura responde:"Será por señal del pacto entre mí y vosotros" Bereshit 17:11
La circuncisión, el brit milá, era una señal visible del pacto. Identidad. Pertenencia. Memoria. El pacto con Abraham no quedaba solamente expresado mediante palabras. El varón llevaba en su propio cuerpo una señal permanente.
Pero aquí aparece algo interesante. Hoy también conocemos determinados beneficios físicos asociados a la circuncisión, como una menor incidencia de infecciones urinarias durante la infancia y la prevención de problemas relacionados con el prepucio, como la fimosis, además de otros beneficios preventivos específicos.
Sin embargo, para colocar aquella señal había que producir una herida. Y aquí comienza la parte más sorprendente.
 
 

Un recién nacido tiene muy poca sangre Cuando nos cortamos, algo extraordinario comienza a suceder dentro de nuestro cuerpo. Las plaquetas reaccionan. Diferentes factores de coagulación comienzan a activarse.Finalmente se produce fibrina, una especie de red que fortalece el coágulo y ayuda a sellar los pequeños vasos lesionados.

¿Para qué? Para detener la hemorragia y evitar que sigamos perdiendo sangre. En un recién nacido esto es especialmente importante porque posee un volumen sanguíneo muchísimo menor que un adulto.Y aquí aparece una sustancia fundamental.

El detalle asombroso de la vitamina K

La vitamina K es fundamental para el funcionamiento adecuado de varios factores de coagulación. Dicho de manera sencilla: la vitamina K ayuda al organismo a controlar el sangrado.
Una coagulación adecuada permite formar un coágulo más estable, detener la pérdida de sangre y permitir que la herida continúe normalmente su proceso de reparación.
 
¿Y qué tiene esto de sorprendente?
Los bebés nacen con reservas naturalmente bajas de vitamina K y durante sus primeros días de vida su organismo atraviesa importantes adaptaciones fisiológicas, también relacionadas con la coagulación.
Ahora vuelve a mirar la Torá. Dios no dijo: "Circuncídalo cuando nazca" La Biblia establece: "Al octavo día..."
 
Y ahí aparece una conexión que durante generaciones ha llamado poderosamente la atención. Adonay estableció un período de espera antes de realizar una intervención que necesariamente produciría sangrado.
Abraham no conocía la vitamina K. No sabía qué era la fibrina. No conocía los factores. No tenía laboratorios ni podía estudiar la coagulación de un recién nacido.
Pero tenía una instrucción: esperar hasta el octavo día.
 
Para quienes creemos que Adonay diseñó el cuerpo humano, el detalle es extraordinario: el Dios que estableció la señal del pacto conocía perfectamente el funcionamiento del cuerpo donde aquella señal sería realizada.
Pero todavía falta una pieza. Porque el ocho no solamente tiene relación con el momento físico. También tiene un significado impresionante dentro de la Torá.
 

El código שְׁמִינִי Sheminí: שְׁמִינִי Sheminí significa octavo. Y para comprender el ocho primero tenemos que mirar el siete. Desde Bereshit encontramos el patrón: seis días de creación. Y después... Shabat.

El séptimo día. El siete completa el ciclo.
¿Y qué viene después? El ocho. El comienzo de algo nuevo. Este patrón vuelve a aparecer en las Escrituras. Aharón y sus hijos atraviesan siete días relacionados con su consagración.
Entonces Levítico 9 comienza: "En el día octavo, Moshé llamó a Aharón..."
 
Algo había terminado. Una nueva etapa estaba comenzando. Ahora vuelve al recién nacido. Nace. Atraviesa sus primeros siete días. Completa su primera semana de vida. Y entonces llega...
Sheminí. El octavo día. Precisamente allí recibe en su cuerpo la señal del pacto dado a Abraham.
 

Y Yeshúa también fue circuncidado al octavo día

Siglos después nació Yeshúa. Y Lucas conserva un detalle que muchas veces leemos demasiado rápido: "Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Yeshúa..." Lucas 2:21
Yeshúa fue circuncidado exactamente conforme a lo establecido en la Torá. La señal del pacto entregada a Abraham estuvo también en Su cuerpo. Piénsalo.
Abraham recibió el mandamiento. Moshé lo dejó establecido en la Torá. Generaciones enteras llegaron con sus hijos al octavo día.
Y cuando nació Yeshúa... también llegó Su Sheminí.
Ese mismo día recibió el nombre que había sido anunciado antes de Su nacimiento: Yeshúa.
El Mesías no apareció desconectado de la historia de Israel ni apartado de la Escritura. Nació dentro de ella. Fue circuncidado conforme a la Torá. Recibió la señal del pacto de Abraham.
Y todo ocurrió... al octavo día.
 

Ahora mira toda la escena

Una señal del pacto. Una práctica que también posee beneficios físicos reconocidos. Una intervención que produce sangrado.
La vitamina K participando de manera fundamental en los mecanismos que permiten controlar ese sangrado. Un recién nacido atravesando sus primeros días de adaptación.
Y una instrucción entregada miles de años atrás: "Al octavo día..."
Pero además, ese mismo ocho aparece en la Tora después del siete, marcando el comienzo de una nueva etapa. Cuerpo y pacto. Sangre e identidad. Proceso y tiempo.
Todo alrededor de una palabra: שְׁמִינִי Shemi.
 
Tu octavo día también llega: Quizás hoy estás atravesando una temporada en la que parece que nada ocurre. Oraste. Creíste. Obedeciste. Pero todavía estás esperando.
Y cuando la espera se hace larga aparece la tentación de adelantarnos, abandonar o pensar que Dios se olvidó.
Abraham no conocía todo lo que había detrás de aquella instrucción. Simplemente tuvo que confiar en Aquel que sí lo sabía.
Tal vez tampoco comprendas hoy por qué Adonay te está haciendo esperar. No abandones el proceso. No te adelantes por desesperación. Elohim también trabaja mientras tú solamente estás contando los días.
Hay procesos que necesitan completarse y temporadas que deben llegar a su tiempo.
 
Después del siete... llega Sheminí.
Sigue creyendo. Sigue caminando. Sigue obedeciendo.
Porque el mismo Dios que conoce los procesos invisibles del cuerpo humano también conoce perfectamente aquello que está formando en tu vida.
Quizás mañana comprenderás por qué aquello que tanto esperabas no podía suceder ayer!!!
Publicación de Claudio Ordoz
 
 

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