Honra al ungido de Dios, aunque te cueste todo

David tuvo el poder de acabar con Saúl, pero eligió honrar al ungido de Dios, aunque le costara el corazón: “He aquí han visto hoy tus ojos cómo Jehová te ha puesto hoy en mis manos en la cueva; y me dijeron que te matase, pero te perdoné, porque dije: No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Jehová” dice 1ra. Samuel 24.10.

 

Perdona a tu Saúl... ahí empieza tu libertad y honra. Hay momentos en la vida donde tenés razón... pero también tenés una elección.

David estaba herido, perseguido, cansado de huir. Tenía la oportunidad perfecta para cerrar su dolor en un segundo. Nadie lo iba a juzgar. Nadie lo iba a frenar. Pero entendió algo profundo: no todo lo que podés hacer, te conviene hacerlo. Porque la venganza puede darte alivio momentáneo... pero te roba destino.

En cambio, el perdón duele, si... pero te libera, te limpia, te posiciona.

David no solo perdonó a Saúl, se perdonó a sí mismo de convertirse en alguien que no era.

Cuando soltás a tu "Saúl", no solo liberas a la otra persona... te liberás vos de cargar una historia que no te pertenece. La honra no nace cuando todo es justo, nace cuando elegís hacer lo correcto en medio de lo injusto.

Cantares 4:1

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