Obedece, aunque no veas el milagro con tus propios ojos
Detalles
By Monica
Monica
Es fácil leer la historia del hijo del oficial real y pensar: "Jesús lo sanó a distancia, qué bonito.” Pero pocos se detienen a sentir la angustia de un padre desesperado que ve morir a su hijo.
Este hombre era un oficial real, alguien con autoridad, recursos y contactos. Sin embargo, cuando su hijo se enfermó gravemente y estaba a punto de morir, nada de eso le sirvió. El dinero no podía sanarlo. Su posición no podía salvarlo.
Solo le quedaba una esperanza: Jesús.
Dejó todo y caminó más de 30 kilómetros desde Capernaúm hasta Caná solo para suplicarle a Jesús: "Señor, ven antes de que mi hijo muera.”
La respuesta de Jesús no fue lo que esperaba: "Ve, tu hijo vive.” No le dijo "voy contigo”. No le dio una señal visible. No tocó a su hijo. Solo una palabra.
El oficial pudo haber respondido: "¿Cómo que ‘ve’? ¡Mi hijo se está muriendo! Necesito que vengas conmigo ahora.” Pudo haber exigido una prueba. Pudo haber dudado. Pudo haber regresado decepcionado pensando que Jesús no lo había ayudado. Pero no lo hizo.
La Biblia dice que creyó la palabra que Jesús le dijo y se fue. Sin ver. Sin confirmación. Sin milagro visible en ese momento. Mientras regresaba a casa, sus siervos salieron a su encuentro y le dijeron: "¡Tu hijo vive!” Les preguntó a qué hora había comenzado a mejorar, y descubrieron que fue exactamente a la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive.” Ese fue el segundo milagro que Jesús hizo en Galilea.
Tal vez hoy estás en una situación parecida. Tienes a alguien que amas (un hijo, un familiar, un matrimonio, una situación) que está "muriendo” delante de tus ojos: enfermedad, adicción, alejamiento, crisis… y has orado, has suplicado, has viajado hasta donde sea necesario.
Y Jesús te dice: "Ve, tu situación vive. Confía en Mi palabra.” Pero no ves nada. No hay cambio visible. No hay señal dramática. Tu corazón grita: "¡Señor, necesito ver algo! ¡Dame una prueba!”
Pero recuerda al oficial real. La fe que más conmueve a Jesús no es la que exige ver para creer… sino la que cree en Su palabra aunque no vea nada.
Obedece… aunque no entiendas. Aunque no veas el resultado. Aunque parezca que todo sigue igual. Porque donde hoy solo ves muerte y silencio,
Jesús ya ha declarado: "Vive.” Y en el momento preciso, cuando menos lo esperes, vas a recibir la noticia de que tu milagro ya ocurrió.
No necesitas que Jesús vaya físicamente a tu casa. Solo necesitas creer en Su palabra. ¿Estás dispuesto a creer aunque no veas? ¿Aunque el camino de regreso sea largo y sin señales?
Esa es la fe que hace que Jesús diga: "Ve, tu hijo vive.” Y esa fe… nunca regresa avergonzada.