¿Qué “cántaro” necesitas soltar para poder correr hacia lo nuevo?

Hay un detalle al final de la historia de la samaritana, y cabe en una frase:“La mujer dejó su cántaro.”
Dejó su cántaro. El objeto por el que había venido al pozo. Su razón de estar ahí. Su herramienta cotidiana. Lo dejó. Y se fue corriendo al pueblo.
 
¿Por qué es tan importante? Porque el cántaro era su vida anterior. Su rutina. Su vergüenza. Su forma de sobrevivir: ir a buscar agua a escondidas, a mediodía, sola, para no ser vista.
 
Y después de hablar con Jesús, dejó todo eso. No necesitaba el cántaro porque ya tenía agua viva. No necesitaba esconderse porque ya había sido vista. No necesitaba ir sola porque ahora tenía algo que compartir.
 
Y fíjate lo que hizo después: fue al pueblo. Al mismo pueblo que la evitaba. A las mismas personas ante las que se escondía. Y les dijo: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho.”
 
Todo lo que he hecho. No escondió su pasado. Lo usó como testimonio. Su vergüenza se convirtió en su mensaje.
 
La conversión no es fingir que no tienes pasado. Es descubrir que tu pasado puede ser un puente para que otros encuentren a Dios.
“La mujer dejó su cántaro.” Juan 4, 28 
 
¿Qué “cántaro” necesitas soltar para poder correr hacia lo nuevo?
Fuente: Soy la Hija del Dueño

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