Tu dolor no es el final, es el proceso de ruptura

¿Te has detenido alguna vez a observar cómo una pequeña semilla puede romper una roca sólida? No usa la fuerza bruta, sino la perseverancia. No se rinde porque la tierra sea dura o porque el sol sea demasiado fuerte; simplemente continúa creciendo, en silencio, hasta que lo que parecía imposible se convierte en realidad.

 

A menudo, la vida pone obstáculos en nuestro camino que parecen insuperables. Puede ser un problema financiero, una crisis familiar o esa batalla interna que nadie ve. En esos momentos, la tendencia es enfocarnos en la dureza del obstáculo y olvidar la fuerza que Dios ha puesto dentro de nosotros.
 
¿Qué aprendemos de la raíz?
La profundidad precede a la altura: Antes de que broten las hojas, la planta crea raíces. Fortalece primero tu interior.
La presión genera fuerza: Es precisamente la resistencia de la roca la que obliga a la raíz a ser resiliente e inquebrantable.
Lo imposible es cuestión de tiempo: donde muchos solo veían una piedra, Dios ve el escenario perfecto para un milagro.
 
No importa cuán difícil sea la situación que enfrentas hoy, si te mantienes firme en la fe y sigues adelante, tus raíces encontrarán su camino, la roca cederá y florecerás bajo la luz del sol. Lo que hoy es cansancio será testimonio de tu victoria mañana.
El impulso de rendirse es pasajero, pero el fruto de tu perseverancia será eterno. ¡Sigue adelante!
Lucas 1:37 porque nada hay imposible para Dios.
 
No hay barrera más grande que el propósito que Dios tiene para tu vida. 
 
fuente: Conecta2alaCruz

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