Pero el versículo 9 registra un acto de adoración privado que rompe la lógica humana: "Josué también levantó doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde estuvieron los pies de los sacerdotes... y han estado allí hasta hoy".
El código: el altar que se tragó el agua
Josué obedeció e hizo el altar público en Gilgal con las doce piedras que sacaron. ¡Pero luego, él personalmente agarró otras doce piedras y construyó un segundo altar en el fondo del río seco!

¿Cuál es el problema? Que minutos después, los sacerdotes salieron, el milagro terminó, la corriente violenta del río Jordán regresó a su lugar, y ese segundo altar quedó sepultado bajo toneladas de agua y lodo para siempre. Nadie jamás le tomaría fotos a ese altar. Ningún niño preguntaría por él. Ninguna multitud aplaudiría esa obra porque nadie podía verla. Era un monumento invisible.
El secreto de tu éxito público
Josué sabía un principio espiritual letal: El altar público (Gilgal) no se sostiene si no hay un altar privado y oculto (bajo el Jordán).

Aplicación
Vivimos en la era de la validación pública. Queremos que la gente vea nuestra adoración, nuestras "victorias en Gilgal", lo mucho que servimos a Dios, nuestro ministerio y nuestros logros en las redes sociales. Nos frustramos si hacemos algo por Dios o por nuestra familia y no recibimos reconocimiento o aplausos.
Pero el Espíritu Santo te desafía hoy: ¿Estás dispuesto a construir altares que nadie jamás va a ver? Esas madrugadas donde lloras intercediendo por tus hijos sin que ellos lo sepan, esos diezmos o ayudas que das en secreto absoluto, ese perdón silencioso a alguien que te hirió... esas son tus piedras bajo el río.
No te amargues si hoy el agua de la rutina oculta tu esfuerzo y nadie te aplaude. ¡El Creador honra en público a los que construyen en secreto! Las victorias gigantes de tu futuro se sostienen únicamente sobre las piedras invisibles de tu intimidad.
Fuente: Reflexiones Cristianas


