Es muy positivo comentar cada domingo “que la reunión en la iglesia fue gloriosa”, “que el mensaje estuvo bueno y que las alabanzas cobraron una unción muy especial”. Todo eso es muy bueno, pero permítame decirle que no alcanza. Dios no creó la iglesia solo para eso. El quiso que formaran parte de ella hombres y mujeres que llegaran más lejos, que no se conformaran solo con buenas reuniones. El Señor nunca deseó que sus discípulos se gozaran dentro de las cuatro paredes de su templo y que al salir se convirtieran en personas comunes.