Dios apunta más alto

Es muy positivo comentar cada domingo “que la reunión en la iglesia fue gloriosa”, “que el mensaje estuvo bueno y que las alabanzas cobraron una unción muy especial”. Todo eso es muy bueno, pero permítame decirle que no alcanza. Dios no creó la iglesia solo para eso. El quiso que formaran parte de ella hombres y mujeres que llegaran más lejos, que no se conformaran solo con buenas reuniones. El Señor nunca deseó que sus discípulos se gozaran dentro de las cuatro paredes de su templo y que al salir se convirtieran en personas comunes.

 

Dios apuntó más alto. Él no quiso formar una religión que agrupara a una minoría inofensiva de la sociedad. El sigue buscando cristianos que se extiendan más allá de su propia salvación. Que vayan más allá de las lindas palabras o de relatos interesantes.
 
La gente de este siglo ya no se conforma con las palabras. El mundo está hastiado de tantas palabras. Necesita ver y comprobar en el cristianismo y en la iglesia de su barrio, un poder con el cual se puedan enfrentar y vencer los dolores humanos, que pueda hacer mejor la condición humana. Un poder que esa gente no tiene y que realmente anhela.
 
Convenzámonos, nadie tiene interés en una fe inefectiva, una fe que solo se cuenta con palabras pero que no muestra frutos concretos. Mucha gente cree que somos una minoría de gente buena que no le hace mal a nadie. ¡No nos conformemos con eso!
 
Somos portadores de un poder que no ha menguado y que puede transformar las tragedias de cualquier ser humano, no importa que tan sumido esté en la tristeza, el fracaso o el pecado y convertirlas en victoria. No permitamos que nuestra actitud timorata nos haga presentar a un “diosito” inerte, en lugar del Dios grande y todopoderoso.
 
Por Marcelo Laffitte

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