Agradecer en todo significa reconocer que Dios está obrando aun cuando no entendemos su manera de hacerlo. No siempre veremos el propósito detrás de la prueba de inmediato, pero la fe nos recuerda que el Padre nunca desperdicia un dolor. En cada temporada dura, Él está moldeando nuestro carácter, purificando nuestra motivación y preparando nuestro corazón para lo que viene.
Hay lágrimas que riegan las semillas de lo nuevo. Hay pérdidas que abren espacio para lo mejor. Hay silencios de Dios que nos enseñan a escuchar Su voz de otra manera.

Cada batalla nos enseñó a depender más de Su gracia; cada decepción nos mostró que Su amor es inmutable; cada espera nos reveló que Su tiempo es perfecto.
Por eso, aunque no todo haya salido como imaginábamos, elegimos agradecer. Porque la gratitud no es una reacción, es una decisión de fe.
Agradecemos porque tenemos Palabra que nos sostiene, promesa que nos impulsa y destino que nos espera. Dios nunca dejó de estar presente, y en lo más oscuro también brilló Su fidelidad.
“Cuando agradeces por lo difícil, conviertes la prueba en testimonio, y el dolor en crecimiento.”


