Una amiga de este espacio, decidida a preservar el amor y los buenos tratos dentro de su matrimonio, me pidió que compartiera, aunque sea uno de los “secretos” que nos ayudan a Hilda y a mí a vivir en armonía. Y acepté, porque creo sinceramente que un matrimonio saludable no es producto del azar ni de la química perfecta, sino de decisiones sostenidas en el tiempo.