La gratitud: una llave para vivir en la presencia de Dios

El infierno nos roba la gratitud y siembra la queja, y eso nos detiene. En vez de disfrutar a la familia, terminamos quejándonos. Ninguno de nosotros es perfecto, pero para tener una vida de gratitud es necesario ordenar la mente y decidir qué pensamientos vamos a permitir. La queja nos deja solos; la Biblia dice que “la persona quejosa es como una gotera continua” (Proverbios 27:15). La queja siempre ve el error, no valora y termina trayendo menosprecio.

Qué lindo es cuando uno puede cambiar la forma de pensar y encontrar algo bueno para darle honra al Señor. David se hablaba a sí mismo para no caer en la queja, diciendo: “¿Por qué te abates, alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios” (Salmo 42:5). Él sabía que Dios iba a hacer algo. Por eso, las personas agradecidas son más optimistas; siempre esperan que algo maravilloso suceda, porque creen en la buena voluntad de Dios. Y también se les hace más fácil estar cerca de Él: “Entrad por sus puertas con acción de gracias” (Salmo 100:4).

La Biblia afirma que nosotros podemos decidir el tipo de vida que queremos vivir, y la gratitud es un paso para vivir felices. En Filipenses 4:11-12, Pablo dice: “He aprendido a contentarme, cualquiera sea mi situación… en todo y por todo estoy enseñado.” No importa lo que esté viviendo, él aprendió a estar contento. Y declara: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Beneficios de la gratitud:
Las personas agradecidas viven más años que las personas que viven quejándose. Además, la gratitud produce felicidad: quien es agradecido vive más contento y disfruta más lo que tiene.

El problema de la queja:
La queja nunca hace avanzar. No cambia la realidad, no mejora el futuro y deja al corazón atrapado en el pasado. La queja hace que uno mire siempre lo negativo y pierda de vista lo que Dios ya hizo.

La Biblia muestra que Dios escuchó la oración de toda una nación y los liberó de la esclavitud en Egipto. Los sacó con oro, plata y vestidos; los sanó, los protegió, les dio maná del cielo y hasta un día de descanso: el shabat. Sin embargo, llegó un momento en que se acostumbraron a los milagros y comenzaron a quejarse, recordando la comida de Egipto y criticando el liderazgo que Dios les había dado. Entonces Dios les dijo que, por sus quejas y por despreciar Su cuidado, comerían carne “hasta que les saliera por la nariz”, porque estaban rechazando lo que Él había hecho por ellos. Su falta de gratitud los alejó de la bendición.

La enseñanza central:
La gratitud abre puertas, hace avanzar y llena de vida. La queja, en cambio, cierra caminos, apaga el corazón y nos aleja de lo que Dios quiere hacer con nosotros. Elegir la gratitud es elegir vivir mejor y caminar más cerca de Dios.

La gratitud también es esencial para servir a Dios. Hebreos 12:28 dice: “Tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia.” No podemos servir a Dios sin un corazón agradecido. Colosenses repite esta verdad: “A lo que fuisteis llamados… sed agradecidos” (Colosenses 3:15). Entonces surge la pregunta: ¿cómo vivo una vida agradecida?

La respuesta está en la misma Palabra. “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros” (Colosenses 3:16). Eso significa que tengo que llenar mi mente con nuevas palabras: las de Cristo. También dice: “Enseñándoos y exhortándoos unos a otros”, es decir, aprendo y también enseño. Luego añade: “Cantando con gracia a Dios en vuestros corazones.” La queja debe ser reemplazada con alabanza. Y concluye: “Todo lo que hacéis… hacedlo dando gracias a Dios Padre” (Colosenses 3:17).

Dos formas prácticas para vivir con gratitud son:
Primero, cantando y alabando, dejando que la adoración ocupe el lugar de la queja.
Y segundo, disfrutando la naturaleza y todo lo que Dios nos ha dado, reconociendo su belleza y provisión diaria.
La gratitud no es solo un sentimiento; es un estilo de vida que nos acerca a Dios, nos fortalece y llena el corazón de paz. Una vida agradecida es una vida en la que el Espíritu Santo puede moverse con libertad.

Pastor Robert Acosta, Centro Cristiano de Avivamiento, Resistencia, Chaco, Argentina

 

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