Testimonio: fue quemado completamente, pero Dios tenía un propósito

Todo fue tan rápido que pensé que mi historia terminaría ahí. Vi mi casa arder, escuché mis gritos y sentí que mi cuerpo se apagaba como una vela dijo John O’Leary cuando su cuerpo quedó completamente quemado. En el hospital, entre cables, vendas y silencio, le pregunté a mi mamá: “¿Voy a morir?” Ella respiró profundo, me tomó la mano y dijo:“¿Tú quieres morir? No. Entonces toma la mano de Dios y pelea”.

 

Ese día entendí que no estaba solo en mi noche más oscura. Cuando el dolor era demasiado fuerte, Él estaba conmigo. Cuando yo no tenía fuerzas, Él me sostenía. Cuando todos pensaban que era imposible, Él abrió camino.
Perdí dedos. Mi piel cambió. Mi rostro cambió. Mi vida cambió. Pero Dios no cambió.
 
Pasaron años… y cuando pensé que nadie podría ver algo bueno en mí, apareció Beth. Ella no vio cicatrices. Vio propósito. Vio vida. Vio lo que Dios estaba formando en silencio.
Un día levantó mi camisa, vio mis heridas… y las besó. Y me dijo algo que guardo en el corazón: “Amo lo que Dios ha hecho en ti”.
En ese momento entendí algo que nunca había entendido: El fuego no destruyó mi vida… la purificó.
Hoy camino, hablo, sirvo y abrazo a personas que están pasando por noches largas:
soldados con dolor, familias heridas, jóvenes con ansiedad, presos que buscan una segunda oportunidad.
Y siempre les digo lo mismo:
Yo sé lo que es sentir que todo terminó…
y también sé que con Dios, siempre vuelve a amanecer.
Si tú estás leyendo esto en medio de tu fuego, en medio de tu hospital, en medio de tu ansiedad, en medio de tu soledad o en medio de tu caos, escucha esto:
No eres tu herida.
No eres tu error.
No eres tu pasado.
Eres amado por Dios.
Hay capítulos que Él todavía no ha escrito.
Y aunque ahora esté oscuro… va a amanecer.
Con Cristo, siempre amanece
 
Publicación de Cantares 4:1

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