Hay mujeres que no se perdieron de golpe… se fueron alejando poco a poco, sin darse cuenta. No fue una gran decisión, sino una sucesión de pequeñas concesiones. Un día dejaron de tomar una postura firme; al siguiente, empezaron a aceptar lo que antes sabían discernir; después, pasaron a escuchar más otras voces que la dirección de Dios. Y, cuando se dieron cuenta, ya estaban viviendo una versión de sí mismas que nunca fue diseñada por el cielo.