Si conoces a Dios y le sirves, tendrás una influencia enorme

Hulda es una de las mujeres más importantes —aunque no de las más mencionadas— del Antiguo Testamento. Fue una profetisa de Dios cuya palabra fue buscada en un momento decisivo para el pueblo de Judá.

 

Su historia aparece principalmente en 2 Reyes 22:14-20 y 2 Crónicas 34:22-28. ¿Quién era Hulda? Hulda vivió en Jerusalén durante el reinado del rey Josías, alrededor del siglo VII a. C. La Biblia la identifica claramente como profetisa y dice que era esposa de Salum, encargado del guardarropa.
Durante unas reparaciones en el templo, el sumo sacerdote Hilcías encontró el Libro de la Ley. Cuando su contenido fue leído delante del rey Josías, él quedó profundamente preocupado porque comprendió que el pueblo se había apartado de lo que Dios había ordenado.
Entonces el rey mandó consultar al Señor. Lo interesante es que los enviados del rey fueron directamente a Hulda.“Entonces fueron el sacerdote Hilcías… a la profetisa Hulda…” 2 Reyes 22:14
 
El mensaje de Hulda
Hulda confirmó que las palabras encontradas en el libro eran verdaderas y anunció que vendría juicio sobre Judá debido a su idolatría y desobediencia.
Pero también llevó un mensaje personal para Josías. Dios había visto que, al escuchar Su Palabra, el corazón del rey se había enternecido, se había humillado y había llorado delante de Él. Por eso Dios le concedería misericordia: Josías moriría antes de presenciar aquella calamidad.
Después de recibir la palabra de Hulda, Josías reunió al pueblo, leyó el Libro del Pacto y comenzó una gran reforma espiritual en Judá. 2 Reyes 23 relata cómo eliminó prácticas idolátricas y llamó nuevamente al pueblo a obedecer al Señor.
 
¿Qué podemos aprender de Hulda?
Hulda nos recuerda que una mujer que conoce a Dios y permanece disponible para Él puede tener una influencia enorme, incluso sin ocupar el centro de la historia. Su autoridad no provenía de una posición política, sino de que Dios había puesto Su palabra en ella.
También llama la atención que, cuando surgió una situación espiritual de enorme importancia, su palabra fue tomada en serio por sacerdotes y representantes del rey.
Para la mujer de hoy, su historia deja un mensaje precioso: no necesitas ser la persona más visible para ser usada poderosamente por Dios. Hay temporadas en las que Dios prepara a una mujer en silencio para que, cuando llegue el momento indicado, tenga sabiduría, discernimiento y valentía para hablar.
Reflexión:
Hulda no necesitó una plataforma para tener influencia. Cuando llegó el momento de hablar, estaba preparada porque conocía la voz de Dios. Mujer, procura más estar preparada por Dios que ser reconocida por las personas. Cuando Él decida usar tu voz, abrirá el espacio para que sea escuchada.
Lectura recomendada: 2 Reyes 22–23 y 2 Crónicas 34–35.
 
Mujer Virtuosa

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