La fe destruyó al gigante

El valle estaba en silencio. De un lado, un ejército paralizado por el miedo. Del otro, un gigante que se burlaba del Dios de Israel. Goliat no solo era grande en tamaño… Era grande en intimidación.

 

Su armadura brillaba. Su voz retumbaba. Su presencia imponía terror. Nadie quería enfrentarlo. 
Hasta que llegó un joven pastor. David no tenía espada. No tenía armadura. No tenía experiencia militar.
 
Pero tenía algo que el gigante no entendía: Una fe inquebrantable en el Dios vivo.
Mientras todos veían un enemigo imposible, David veía una oportunidad para que Dios mostrara su poder.
Tomó cinco piedras. Pero solo necesitó una.
 
No fue la fuerza.
No fue la estrategia.
No fue la suerte.
Fue confianza absoluta.
 
Porque cuando caminas sabiendo quién pelea por ti, el tamaño del gigante deja de importar.
 
Hoy tu “Goliat” puede ser una deuda, una enfermedad, una crisis familiar, un miedo que no te deja dormir.
Y quizás te sientes pequeño. Pero recuerda esto: Los gigantes no caen por nuestra capacidad… Caen cuando decidimos confiar en el poder de Dios.
 Si estás enfrentando un gigante, escribe: “Mi fe es más grande que mi miedo.”
 
Fuente: Conecta2alacruz

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