Sara recibió una promesa imposible: ser madre en su vejez. Humanamente no tenía esperanza, y por eso en un momento dudó y hasta intentó ayudar a Dios con sus propias fuerzas. Pero aun así, Dios no canceló su promesa… la cumplió en el tiempo perfecto.
Su vida nos recuerda algo importante:
A veces la promesa tarda,
pero no porque Dios olvidó,
sino porque Él está preparando el corazón.
Sara pasó de la risa de incredulidad
a la risa de gozo cuando nació Isaac.

Reflexión profunda:
Dios no se limita por la edad, circunstancias o lógica humana.
Las dudas no cancelan el propósito si seguimos caminando.
La espera también es parte del milagro.
Porque cuando Dios promete,
puede tardar…
pero siempre cumple.


