Cristo nunca quiso informarnos; Él quiso transformarnos
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By Monica
Monica
Toda la Biblia es importante, pero hay versículos que se vuelven cimientos para la vida espiritual. Uno de ellos es este: “No basta con oír el mensaje; hay que ponerlo en práctica, pues de lo contrario se engañan ustedes mismos.” (Santiago 1:22).
Este versículo exhibe un engaño que ha crecido silenciosamente entre los cristianos modernos: creer que estar informados es lo mismo que estar transformados.
Y no es así.
INFORMACIÓN SIN OBEDIENCIA= AUTOENGAÑO.
No alcanza con saber que la oración es importante… si no oramos.
No alcanza con conocer que Dios manda perdonar… si seguimos guardando rencor.
No alcanza con entender la Gran Comisión… si nunca evangelizamos.
Jesús lo dijo con firmeza: “Enséñenles a guardar todo lo que les he mandado.” (Mateo 28:20) La palabra guardar significa vivir, practicar, obedecer. Jesús enseñaba con vida, no con teorías.
En nuestros días, asociamos “enseñar” con aulas, cuadernos y cursos. Pero en el Reino, aprender siempre fue sinónimo de ver, imitar, encarnar. Los discípulos vieron a Jesús orar… y recién entonces le dijeron: “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1). Vieron a Jesús lavar pies… y entendieron el servicio. Vieron su carácter… y aprendieron humildad.
HOY NOS SOBRA TEORÍA Y NOS FALTA PRÁCTICA.
Nos hemos convertido en un pueblo muy informado, pero poco transformado.
Sabemos acerca de la vida cristiana, pero no la vivimos.
Tenemos estudios, conferencias, cursos… pero pocas obediencias concretas.
Lo dije una vez y lo repito: Cristo nunca quiso informarnos; Él quiso transformarnos.
Por eso Santiago 1:22 nos sacude, nos despierta, nos confronta: “Si se informan pero no hacen nada, se están engañando a ustedes mismos.”(Paráfrasis)
La verdadera madurez espiritual no se mide por conocimiento, sino por obediencia. Porque la Biblia solo produce frutos cuando pasa de la mente al corazón y del corazón a la vida.