La Biblia declara: “Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador” (Salmos 18:2). Una roca no se mueve con facilidad, no se quiebra ante la tormenta ni cede ante la presión. Así es Dios para sus hijos: estable, fiel y seguro. Cuando todo parece inestable, su presencia permanece inalterable.
Muchas veces pensamos que debemos ser fuertes todo el tiempo, pero Dios nos invita a apoyarnos en Él. “En Dios solamente está acallada mi alma; de Él viene mi salvación” (Salmos 62:1). Descansar en la Roca no es rendirse, es confiar. Es reconocer que nuestras fuerzas son limitadas, pero las de Dios son eternas.

Jesús habló de la importancia de edificar sobre un fundamento firme. “Cualquiera que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mateo 7:24). Las lluvias llegaron, los ríos crecieron y los vientos soplaron, pero la casa permaneció en pie porque estaba fundada sobre la roca. Cuando nuestra vida está afirmada en Cristo, las pruebas no nos destruyen; nos fortalecen.
La Roca no solo nos sostiene, también nos levanta cuando caemos. “Porque ¿quién es Dios sino solo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?” (Salmos 18:31). No hay otro fundamento seguro, no hay otro refugio verdadero. En Él encontramos estabilidad emocional, fortaleza espiritual y esperanza para seguir adelante.
Aun cuando nuestras rodillas tiemblan, Dios no falla. “Porque Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Isaías 40:29). No somos sostenidos por nuestra fe perfecta, sino por un Dios perfecto que no nos suelta.
Hoy el Señor nos recuerda que no estamos colgando del vacío. Estamos sostenidos por la Roca eterna. Podemos descansar, confiar y avanzar, sabiendo que aquel que nos sostiene no se mueve ni nos abandona. Cuando todo falla, la Roca permanece, sosteniéndote a ti con amor fiel.
CENTRO CRISTIANO PUERTA ABIERTA
Sáenz Peña - Chaco


