Cuando pensamos en personas que necesitan ser rescatadas, nuestra mente viaja automáticamente hacia los rebeldes, pensamos en el que huye de casa, en el que cae en adicciones, en el que despilfarra su vida y toca fondo, pero existe un tipo de perdición mucho más silenciosa, elegante y difícil de diagnosticar: la perdición de los que nunca rompen las reglas, pero tienen el corazón congelado.