Un profeta amó a una mujer que lo abandonó

Hay historias en la Biblia que no parecen religiosas, sino dolorosamente humanas. Historias que incomodan, que sacuden y que obligan a pensar. Una de ellas es la del profeta Oseas, un hombre de Dios al que se le pidió algo que nadie querría vivir: amar a una mujer que lo traicionaría una y otra vez. Esta no es una historia romántica. Es una historia de amor herido, de abandono, de vergüenza pública y, aun así, de misericordia que no se agota.

 

Dios llamó a Oseas y le dio una orden difícil de aceptar: “Ve, tómate una mujer fornicaria…” (Oseas 1:2). No fue un error ni un castigo. Dios no quería solamente palabras del profeta, quería que su propia vida mostrara lo que estaba sucediendo entre Él y su pueblo. Oseas se casó con Gomer, una mujer que no sabía permanecer, que no entendía fidelidad y que llevaba dentro una inclinación constante a irse.
 
El matrimonio no hizo desaparecer aquello que había dentro de Gomer. Ella se fue y volvió a la vida que conocía. Abandonó su hogar, a su esposo y su dignidad buscando amor donde solamente encontró vacío. Oseas quedó solo, señalado y humillado: un hombre fiel viviendo el dolor de tener una esposa infiel. Lo lógico habría sido cerrar esa historia, dejarla ir y protegerse para no volver a sufrir, pero Dios todavía tenía algo que pedirle.
 
“Ve otra vez, ama a una mujer amada de su compañero, aunque adúltera” (Oseas 3:1). Dios no le dijo que la olvidara. Le pidió que fuera por ella y volviera a amarla. Oseas salió a buscar a Gomer, pero ya no encontró a la mujer que un día había salido de su casa. La encontró perdida, usada y prácticamente vendida como esclava. Y ahí, después de todo lo que ella le había hecho, Oseas pagó un precio para recuperarla.
 
Eso cambia completamente la manera de mirar esta historia. Oseas sabía que había sido traicionado. Había sentido el abandono y había cargado con la humillación, pero aun con todo ese dolor decidió ir por ella. No estaba diciendo que lo ocurrido estuviera bien ni haciendo como si nunca hubiera pasado. Estaba mostrando una misericordia capaz de buscar a alguien incluso después de haber sido profundamente herida.
 
Entonces comienza a entenderse por qué Dios llevó a Oseas por un camino tan difícil. La historia de aquel matrimonio estaba mostrando algo mucho más grande. Israel también se había apartado de Dios, había buscado otros dioses y había roto el pacto. Era un pueblo que recibía de Dios y después se alejaba de Él. Oseas estaba viviendo en su propia casa una parte del dolor que Dios quería hacerle entender a Israel.
 
Así como Gomer se alejaba de quien la amaba, el pueblo también se alejaba de Dios. Y así como Oseas tuvo que salir a buscar a su esposa cuando se encontraba perdida, Dios seguía llamando a un pueblo que una y otra vez le daba la espalda. Por eso más adelante aparecen unas palabras que dejan ver la manera en que Dios trataba con ellos: “Con cuerdas humanas los atraje, con lazos de amor” (Oseas 11:4).
 
Eso no convierte la infidelidad en algo pequeño ni significa que nuestras decisiones no tengan consecuencias. Oseas sufrió realmente por lo que Gomer hizo e Israel también enfrentó las consecuencias de haberse apartado. La misericordia no borra la gravedad de lo ocurrido; muestra que aun después de la caída todavía puede existir un camino de regreso.
 
Quizá ahí esta historia deja de sentirse tan lejana. Porque también nosotros podemos alejarnos, fallar, prometer que vamos a cambiar y volver a equivocarnos. Podemos llegar a pensar que después de tantas fallas ya no tenemos derecho a regresar, que Dios se cansó o que esta vez fuimos demasiado lejos. Pero Oseas tuvo que vivir en carne propia una respuesta muy distinta: Dios conoce la infidelidad de su pueblo y, aun así, sigue llamándolo a volver.
 
Oseas fue a buscar a una mujer que lo había abandonado y pagó para recuperarla. Dios utilizó aquel matrimonio herido para mostrarle a Israel hasta dónde había llegado su infidelidad, pero también para mostrarle que todavía lo estaba llamando.
 
Y quizá esa sea la parte más fuerte de la historia de Oseas: Gomer se había ido muy lejos, pero todavía había alguien dispuesto a ir a buscarla.
 
Publicación de Remedios Gutiérrez

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