Hay historias en la Biblia que no parecen religiosas, sino dolorosamente humanas. Historias que incomodan, que sacuden y que obligan a pensar. Una de ellas es la del profeta Oseas, un hombre de Dios al que se le pidió algo que nadie querría vivir: amar a una mujer que lo traicionaría una y otra vez. Esta no es una historia romántica. Es una historia de amor herido, de abandono, de vergüenza pública y, aun así, de misericordia que no se agota.