Mi amada hija: Hoy me acerco a ti para hablarle directamente a ese lugar en tu corazón que aprendió a vivir en alerta. Quiero hablarle a la herida del abandono. Sé muy bien cómo se siente ese vacío; conozco el frío helado que deja el silencio de quienes debieron quedarse y se fueron, de quienes debieron cuidarte y te soltaron, de aquellos que miraron tu vulnerabilidad y decidieron dar la espalda.