Ante la tentación solo existen dos caminos: huir... o caer

José y David amaban a DIOS… pero frente a la tentación tomaron decisiones muy diferentes. “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?” — Génesis 39:9

José estaba solo, lejos de todo lo que conocía. Tentado constantemente… pero decidió honrar a DIOS antes que sus deseos. No negoció con el pecado.  No jugó con el límite. ¡Huyó! Porque entendió que hay batallas que no se ganan resistiendo demasiado cerca… se ganan alejándose a tiempo. José prefirió perder comodidad antes que perder pureza. Y DIOS honró su fidelidad. 

David, en cambio, estaba en un momento de éxito, autoridad y victoria… pero bajó la guardia espiritualmente. Miró lo que no debía mirar. Deseó lo que no le pertenecía. Y una pequeña puerta abierta terminó causando grandes heridas. 
 
El pecado nunca llega solo. Siempre arrastra consecuencias. Por eso la Escritura dice: “El que piensa estar firme, mire que no caiga.” — 1 Corintios 10:12
La tentación puede tocar a cualquiera, pero la comunión diaria con DIOS fortalece el corazón para permanecer firme. No juegues con aquello que puede apartarte del Señor. Hay decisiones que parecen pequeñas… pero pueden marcar el rumbo de toda una vida. La verdadera fortaleza no es acercarse al límite…
es tener la valentía de huir de lo que puede destruir tu relación con DIOS.
 
Publicación de Paola David Santiago

Suscríbete a nuestro boletín de novedades

Te vamos a comunicar lo más destacado.
Solo una vez por semana te enviaremos notas seleccionadas de nuestra web.