El silencio de Dios no es abandono

El silencio de Dios no es abandono, sino un estado llamado Dômam (דּוּמָם): una quietud intencional y activa. David experimentó ese silencio doloroso, donde parece que Dios no responde, pero entendió que no era ausencia, sino acción invisible. Salmos 28:1 "A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, Para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro".
 
El Dômam representa a Dios obrando en lo oculto: como un guerrero antes del ataque o un cirujano en plena operación. Aunque el cielo parezca callado, Dios está moviendo circunstancias, preparando respuestas y formando el corazón.
El mismo David que pidió que Dios no guardara silencio, después aprendió a reposar en ese silencio, confiando en que Dios estaba trabajando.
El silencio de Dios no es rechazo, es preparación. No es vacío, es proceso.
 
Salmos 28:1
“A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí…”
Salmos 62:1
“En Dios solamente está acallada (Dômam) mi alma; de él viene mi salvación.”
Isaías 64:4
“Ni ojo ha visto a un Dios fuera de ti, que haga por el que en él espera.”
Romanos 8:28
“A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…”
 
Si hoy estás en silencio… no significa que Dios te dejó.
Significa que Dios está haciendo algo que todavía no puedes ver.
 
Publicación de Conecta2alacruz

Suscríbete a nuestro boletín de novedades

Te vamos a comunicar lo más destacado.
Solo una vez por semana te enviaremos notas seleccionadas de nuestra web.