Hace un tiempo un niño preguntó algo simple: “¿Por qué oramos antes de comer?” Podía haber sido solo una costumbre. Pero ese momento se convirtió en una enseñanza.
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Porque entendí algo: Los principios no solo se enseñan con grandes discursos. Se enseñan en lo cotidiano. En cómo hablas. En cómo perdonas. En cómo tratas a otros. En cómo buscas a Dios. Porque algún día tus hijos tomarán sus propias decisiones. Y lo que sembraste en silencio… será la voz interior que los guíe.



