Cada lágrima fue una semilla. Cada noche en silencio fue un contrato firmado en el cielo. Cada acto de fidelidad en lo secreto activó una cosecha imposible de ocultar.
Lo que sembraste en dolor, lo recogerás en honra.
Lo que hiciste en anonimato, Dios lo exhibirá en público.
Lo que soportaste en silencio, será celebrado en multitudes.
Prepárate… porque tu multiplicación no será discreta. Será evidente. Será notoria. Será tan grande que los que se reían… ahora se quedarán sin palabras.
“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. El que llorando lleva la semilla, volverá con regocijo trayendo sus gavillas.” — Salmo 126:5-6 (NVI)
Lo que viene no es pequeño.
Es recompensa.
Es restitución.
Es manifestación pública de lo que el cielo ya aprobó.